Hay episodios que marcan a los países y que, en su momento, no siempre quedaron bien contados. Pasaron hace tantos años que ocurrieron antes de las redes sociales, cuando no existían los trending topics, ni los #TBT, ni se acumulaban los hechos en hashtags.
De uno de esos episodios quiero hablarles hoy, un hecho que ni siquiera tuvo despliegue de cámaras, ni fotos, ni audios, ni registros abundantes, porque ocurrió en un lugar y en una época donde esos medios eran escasos. De él no quedaron grandes archivos, como sí ocurrió con Armero.
Incluso, es un suceso que casi no se conmemora, no se recuerda, quizá porque dejó pocos sobrevivientes capaces de contarlo, o porque ocurrió muy lejos del “centro” del país, entre el mar y el miedo; Y así, la historia terminó convertida en un recuerdo fragmentado, en una anécdota suelta, en una tragedia que muchos saben que existió pero que pocos narran; una historia que se quedó con la voz ahogada, como quienes la padecieron en vida.
Creemos que los tsunamis son cosas de Japón o de las islas del Pacífico en Asia. Tal vez porque los más recientes de nuestra historia no solo han quedado ampliamente registrados en video, audio y redes sociales, sino porque además se han convertido en series, películas y documentales. Ahí está el caso de Fukushima, en Japón, que incluso tiene una serie en Netflix, o el de Indonesia, retratado en películas como Lo imposible. Narrativas que muestran lo inclemente de este tipo de desastres naturales y que refuerzan la idea de que son tragedias lejanas, ajenas, cosas que pasan muy lejos de Colombia.
Así que déjenme contarles primero que el 12 de diciembre de 1979, un terremoto de gran magnitud frente al Pacífico de Colombia provocó un tsunami que golpeó con fuerza la costa pacífica colombiana, especialmente en los departamentos de Nariño y Cauca. En poblaciones como El Charco, Mosquera y San Juan de la Costa, el impacto fue brutal. La cifra de víctimas y el nivel de destrucción dejaron una herida que todavía se nombra con respeto. Incluso hoy no existen números plenamente cerrados, porque familias enteras desaparecieron y muchos registros nunca se levantaron del todo.
Fue una tragedia tan devastadora (en escala y violencia) como las que luego veríamos narradas en películas como Lo imposible o en series sobre Fukushima. Solo que aquí no había centros turísticos internacionales ni plantas nucleares. Eran poblaciones comunes de nuestra costa pacífica. Gente corriente, y, aun así, el evento fue igual de serio, igual de real, igual de definitivo.
Mi padre es hombre de mar, así que en mi casa, junto a mis hermanas, crecí escuchando esta historia una y otra vez. La contaba mi papá, siempre desde el mismo lugar: el día en que le tocó acudir al rescate de esas poblaciones como oficial de la Armada Nacional de Colombia. Hablaba de lo que vio, de lo que no se pudo hacer, y también de las personas que conoció en medio del caos. Entre ellas, Willinton Sinisterra, un joven de la comunidad que buscaba desesperadamente a su familia y que, en medio de esa búsqueda, se cruzó con mi padre, quien tenía toda la voluntad (y sobre todo el deber) de ayudar.
Con ese trasfondo, hoy quiero presentarles un libro que para mí tiene un valor especial. No es solo “una novela más”. Es una historia real de superación y supervivencia, escrita por mi padre, Gabriel Alfonso Salazar Saddy. Un libro construido con esa mezcla poco común de datos históricos precisos, narración y pulso novelado; de rigor y sensibilidad. Esa combinación solo aparece cuando alguien cuenta algo que de verdad le importa y lo hace desde el corazón.
La obra se titula Tsunami 1979 y está disponible hoy en Amazon. Fue escrita para rescatar una historia de la que poco se habla, porque pocos la vivieron. Retrata una tragedia tan devastadora y “cinematográfica” como las que hoy vemos asociadas a tsunamis en otras partes del mundo, pero con un foco distinto: lo humano, lo sensible, el dolor de quienes se enfrentaron a la fuerza de la naturaleza y la experiencia de quienes, por circunstancias de la vida, hicieron parte de los grupos de rescate que llevaron ayuda a esos territorios. Con este libro, mi padre le pone rostro a la memoria del Pacífico colombiano.
Bien lo dice su dedicatoria: “En memoria de San Juan, sus habitantes y todos aquellos cuyas historias se perdieron en el rugido del océano”.
Tsunami 1979 lleva un año disponible en Amazon, en edición en español, y en sus 116 páginas, el lector se encuentra con voces del pasado, escenas y emociones que no están escritas “a distancia”, sino con el pulso de quien entiende lo que significan el temor, la pérdida y la incertidumbre, pero también la terquedad digna de quienes se levantan cuando el agua se lleva todo. Hoy, casi un año después de su publicación, me alegra saber que esta historia ya no es solo nuestra. Que además de mí y de mi familia (que crecimos escuchándola una y otra vez) hay lectores que han tenido la oportunidad de encontrarse con Tsunami 1979, y que han dejado reseñas muy favorables y una alta calificación. Tal vez porque lograron conectar con ella del mismo modo en que lo hicimos nosotros: como quienes no solo leen una historia, sino que la reconocen.
Quise escribir esta entrada en mi web, no solo por su aniversario, sino porque viene una noticia importante. En los próximos meses estará lista la traducción al inglés de esta novela. Un trabajo realizado por Juan José Acevedo Scott (John Acevedo-Scott), mi tío, un estadounidense nacido en Colombia que ha dedicado su vida profesional al mundo académico y a la formación en idiomas, con una trayectoria ejecutiva destacada vinculada a Berlitz.
Es un hombre sobrio y sensible, profundamente comprometido con su comunidad en Washington D. C., que durante años escuchó las historias de mi papá sobre este episodio, y que con el tiempo, terminó leyendo la novela Tsunami 1979 y fue él quien propuso llevar la obra al inglés (su lengua nativa), con un propósito claro: que la memoria del Pacífico colombiano pueda llegar a más lectores, en otro idioma y en otros países.
Ojalá esta novela cruce fronteras y llegue a lectores que, probablemente, nunca han oído hablar del tsunami del Pacífico colombiano. Ojalá la lean, ojalá la compartan, y ojalá esta historia sirva para algo esencial: entender que la memoria no es solo recuerdo, sino también una forma de repararse.
Si quieres leerla o recomendarla, aquí la encuentras en Amazon:
Tsunami 1979 — Gabriel Alfonso Salazar Saddy https://a.co/d/9BVfCqE
Por Gabriel Salazar Navarro