ALFRED
De una pregunta cotidiana a un asistente virtual para
la gestión de bienes en materia penal
De una pregunta cotidiana a un asistente virtual para
la gestión de bienes en materia penal
ALFRED es un Asistente Virtual para la gestión de bienes en materia penal que he venido desarrollando a partir de una pregunta aparentemente sencilla: “Tengo este bien o elemento frente a mí, ¿qué hago con él?”
La herramienta guía al usuario mediante preguntas sencillas, analiza las características del caso y busca determinar qué tratamiento corresponde, dónde debe quedar el bien o elemento, quién debe recibirlo y qué requisitos deben verificarse para su entrega, custodia o administración.
Esta versión todavía es un prototipo en fase de prueba, y por eso quiero someterla a uso real por personas que voluntariamente quieran explorarla y ayudarme a identificar qué funciona, qué resulta confuso, qué sobra y qué debería mejorar.
Te invito a probar ALFRED y contarme tu experiencia.
¿Es posible convertir el tratamiento de los bienes en el proceso penal en una ruta de decisiones?
Desde hace varios años he dedicado buena parte de los apuntes que comparto en este espacio a un asunto que, aunque puede parecer muy específico, plantea permanentemente preguntas prácticas para quienes intervienen en una investigación penal: ¿qué hacer con los bienes o elementos que resultan de ella?
Cuando comencé a organizar estas publicaciones, mi propósito era relativamente sencillo, quería reunir conceptos, normas y experiencias que permitieran comprender mejor la función que puede cumplir un determinado bien o elemento dentro del proceso penal y, a partir de allí, establecer el tratamiento que debería imprimírsele.
De hecho, buena parte de lo que he publicado bajo el título Los Bienes en el Proceso Penal Colombiano ha partido precisamente de la idea de entender la recolección, afectación, custodia y administración de los bienes no como actuaciones aisladas, sino como una sucesión organizada de acciones en la que cada decisión condiciona la siguiente.
Con el tiempo he identificado que una de las mayores dificultades en esta materia surge cuando los distintos intervinientes, cualquiera sea su rol, observan únicamente la actuación que les corresponde y no el efecto que esta produce sobre las etapas posteriores del proceso; situación que se hace todavía más compleja si tenemos en cuenta que, particularmente en las entidades públicas, convivimos con procedimientos, instructivos, manuales, formatos y múltiples documentos que suelen construirse de cara al fragmento del proceso que corresponde a cada dependencia, área o actor.
Aunque cada uno de esos instrumentos puede organizar correctamente la parte que le compete, rara vez existe la oportunidad de observar de manera lineal todo el recorrido, vinculando a quienes intervienen antes, durante y después de nuestra propia actuación. En materia de bienes, esa fragmentación resulta especialmente problemática, porque lo que para un actor puede representar el cierre de su procedimiento, para otro constituye apenas el inicio de una nueva responsabilidad, condicionada, además, por lo que el primero hizo o dejó de hacer.
Quizás por esa misma costumbre de trabajar con instrumentos que ordenan el actuar mediante un paso a paso, empecé a pensar que también podía ser posible construir una ruta para el tratamiento de los bienes; no una receta infalible, ni un catálogo capaz de anticipar todas las situaciones que pueden presentarse, porque siempre existirán particularidades, excepciones y ramificaciones que puedan quedar por fuera, sino un árbol de decisiones suficientemente amplio que, a partir de las reglas generales que se repiten, permitiera orientar la mayor cantidad posible de casos.
Sabemos que un arma, un celular, un vehículo o un macroelemento, aunque puedan ser iguales en su naturaleza, no necesariamente siguen el mismo tratamiento, pues las circunstancias concretas de cada caso pueden conducirlos por caminos jurídicos y operativos distintos; sin embargo, detrás de esas diferencias existen preguntas razonables, jurídicas y lógicas que sí se repiten y que deben ser resueltas de manera ordenada, como ya lo he planteado en otros artículos de este blog: ¿tiene función probatoria?, ¿requiere conocimiento especializado?, ¿es susceptible de comiso?, ¿existe alguna medida jurídica sobre el bien?, ¿hay un régimen especial aplicable?, ¿corresponde su devolución?, ¿quién debe custodiarlo?, ¿quién puede administrarlo?, ¿qué autoridad debe recibirlo?, entre muchas otras.
De manera que, aun cuando no sea posible construir una respuesta única para todos los casos, sí parece posible identificar una secuencia de preguntas comunes que permita ir descartando alternativas, reconocer el régimen aplicable y aproximarse, de manera razonada, al tratamiento que corresponde en cada situación; y cuando esas preguntas se ordenan correctamente, empiezan a aparecer patrones. De esa idea surge ALFRED.
ALFRED busca ser un sencillo Asistente Virtual para la gestión de bienes en materia penal, y su punto de partida es probablemente la pregunta más sencilla de todas: “Tengo este bien o elemento frente a mí, ¿qué hago con él?”. La herramienta está construida bajo una lógica similar a la de un procedimiento o manual, en el sentido de que existe detrás una secuencia organizada de decisiones; sin embargo, en lugar de obligar al usuario a recorrer todo un documento para encontrar la situación que necesita resolver, ALFRED le presenta únicamente las preguntas que resultan pertinentes de acuerdo con las respuestas que ha dado anteriormente.
Así, el usuario no necesita conocer de antemano la norma aplicable ni identificar por sí mismo la categoría jurídica en la que se encuentra el bien o elemento; basta con que responda, entre las opciones disponibles, aquello que conoce sobre el caso concreto, mientras la herramienta va descartando caminos, habilitando otros y aplicando por detrás la lógica jurídica correspondiente, hasta aproximarlo a una respuesta sobre qué tratamiento debería darse al bien, dónde debe quedar, quién debe recibirlo y, cuando corresponde, qué requisitos deben cumplirse para materializar su entrega, custodia o administración.
La versión que hoy estoy poniendo a prueba contiene, detrás de su interfaz, una arquitectura jurídica y de decisión que actualmente comprende 56 nodos de decisión, 78 resultados jurídicos posibles, 32 destinos operativos, 10 rutas específicas para determinar el destino, 31 checklists y más de 100 requisitos individuales de recepción, custodia o disposición; todo ello articulado con reglas generales y regímenes especiales relacionados, entre otros asuntos, con EMP y EF, comiso, devolución, destrucción, FEAB, extinción de dominio, armas, explosivos, fauna y flora, asuntos aduaneros, patrimonio cultural, evidencia digital, dinero y metales, restos humanos, macroelementos y minería.
Lo interesante es que el usuario no tiene que enfrentarse a toda esa información, porque la complejidad permanece detrás para que, delante, solo encuentre una pregunta sencilla, una ruta comprensible y una respuesta operativa; y, si necesita profundizar, pueda consultar también el fundamento jurídico, normativo o técnico que soporta el camino recorrido.
Precisamente por ello, considero que una herramienta de esta naturaleza no puede agotarse en la lógica de quien la diseñó, asi que después de haber trabajado durante tanto tiempo en su estructura, resulta inevitable acostumbrarse a la forma en que están formuladas las preguntas, a sus rutas y al camino que se espera que siga quien la utiliza; por esa razón, la versión que hoy comparto no pretende presentarse como una herramienta terminada, sino como un prototipo suficientemente avanzado para someterlo a prueba y, sobre todo, a retroalimentación.
Me interesa conocer qué sucede cuando otras personas empiezan a recorrer sus rutas; si entienden las preguntas, si las opciones disponibles representan adecuadamente las situaciones que conocen, si llegan a resultados razonables, si encuentran caminos innecesarios, si alguna explicación sobra, si otra hace falta o, incluso, si logran llevar a ALFRED hasta un escenario que no haya sido previsto dentro de su arquitectura.
En últimas, su utilidad no dependerá de la cantidad de nodos, rutas o normas que haya logrado incorporar, sino de que realmente facilite una decisión que, en la práctica, suele resultar compleja; por eso, durante esta etapa quiero que ALFRED sea probado, cuestionado y corregido, porque seguramente habrá respuestas que ajustar, rutas que simplificar, otras que ampliar y situaciones que todavía no he contemplado.
Así que, si esta temática hace parte de su trabajo o simplemente les genera interés, los invito a utilizar esta versión de ALFRED, recorrer distintos escenarios y compartir conmigo sus observaciones; no solamente aquello que funciona, sino, especialmente, aquello que debería cambiar, eliminarse, complementarse o replantearse.
Realizado por Gabriel Salazar Navarro